Artista trouvé

Por Stephanie Noach y Beatriz Gago

 

Thinking is much more Cuban
than shopping. (1)

I
Hay quien dice que la historia del arte empezó con la descripción de las vidas de los artistas. En el año 1550, Giorgio Vasari publicó Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos; una recolección de biografías y caracterizaciones de artistas italianos.

En ella mencionaba que Da Vinci pintó la Mona Lisa, pero se detuvo aún más para describir la infinita gracia que poseía su creador, su extrema belleza. De Giotto nos contaba que su carrera como pintor empezó cuidando las ovejas de su padre. Durante esas tediosas horas, el joven pastor dibujaba el ganado con tiza sobre unas piedras. Al ver esos trazos, al maestro Cimabue no le cupo duda de que había descubierto a un gran artista.

Tres siglos más tarde, José Martí insistió en exaltar el papel de la experiencia vital como sustrato en el que está cimentada la creación. En su texto para niños Músicos, poetas y pintores y refiriéndose a la historia sorprendente de los grandes maestros cita a Emerson: “La verdadera novela del mundo está en la vida del hombre.”

En su libro testimonial The Philosophy of Andy Warhol: From A to B and back again (1975) el artista norteamericano nos ofrece, a través de anécdotas y chispeantes reflexiones acerca del amor, la belleza, la fama, el sexo, el éxito, la muerte e, incluso, la economía, una aguda visión de la vanguardia artística en la meca neoyorkina de mediados del siglo XX. Warhol demuestra comprender, mejor que nadie, la fascinación de la multitud por la vida de los artistas. From A to B… evidencia el balance sutil entre glamour y decadencia en que se sostiene el entonces pujante American way of life.

Es imposible interpretar la provocadora glorificación de lo intrascendente y el cuestionamiento de la originalidad que Warhol nos espeta en sus obras, sin comprender primero su relación amor-odio con ese epicentro de sucesos que es la ciudad de Nueva York, pequeño fragmento del planeta donde cada día ocurrían los cien eventos más importantes del mundo.

Hoy, después de tantos siglos, nos toca confesar que la vida del artista sigue despertando el interés de las gentes, aunque el sentido dado a tales historias ha cambiado bruscamente en las últimas décadas. Las narraciones basadas en aquel camino de esfuerzos que culmina en éxito, la voluntad para lograr e imponer cambios, se han convertido en mitos old fashion, rezagos de la mentalidad moderna.

La arena del arte contemporáneo está, en cambio, en las recepciones, subastas, vuelos en aviones privados e intercambio de tarjetas de presentación. Claro está que esto solo cuenta para los Warhols de hoy. La unidad de medida del éxito se establece desde la perspectiva del precio alcanzado por la obra; o el nombre de la galería que la representa.

II
Aún no es la hora fijada para la inauguración y sin embargo, cuando la puerta del ascensor se abre encuentro una sala ya bastante concurrida. Mi estrategia de ver la exposición a solas, adelantándome un poco al reloj, se desvanece.

Un telemicroscopio situado en medio de la sala apunta hacia una zona remota del espacio ¿interior o exterior?, que no alcanzo a ver apelando a mi pretendida agudeza de espectador de arte.

Alguien ha cubierto las paredes de El Apartamento con palabras, y ha relacionado todos los muros entre sí, a través de estas. Sala a sala, deberemos leer este texto monumental, como si pasáramos páginas, para consumir la propuesta de exposición que nos hace Yornel Martínez.

Entre los saludos de los amigos habituales me salen al paso, sorpresivamente, José Lezama Lima, Antonin Artaud, Stéphane Mallarmé. Son nombres, escritos en vinilo, que impregnan las superficies de la galería ¿pero son solo nombres? Caigo en cuenta de que, como presencias familiares e incorpóreas, nos han acompañado en otras ocasiones como esta – atentos en un rincón de nuestra sensibilidad- para soplarnos al oído un comentario, un verso, que nos ayudase a superar lo obvio y encontrar sentidos en el ejercicio de apreciación. Y también habitan hoy la sala Elvia Rosa Castro, Caridad Blanco, Abel González, todos ellos seres benéficos de esta pequeña burbuja artística. Ya no son los amigos con que nos hemos reunido infinitas veces a lo largo de estos años para comentar una muestra en la Plaza Vieja o en alguna destartalada cafetería del Prado, o en el balcón del mágico estudio de 25 y 10, en El Vedado, lugar de confluencias increíbles.

Paso junto a La isla en peso, a La fijeza. Fueron textos que me absorbieron, mucho tiempo atrás y que creía guardados, a salvo, en algún lugar de mis recuerdos, hasta que los reencontré un día por sorpresa, en plena calle, colgando de la marquesina de un cine. Eran ellos, cierto, pero ya no eran los mismos, sino sus esencias, concentradas en un Exergo. Hoy de nuevo, ya no son libros, ni poemas y me sorprenden -¿por última vez?- desplazándose a lo largo de los muros de una galería, mutados, expandidos como piezas del rompecabezas de un Statement.

“Creo que es una exposición narcisista”- murmura alguien a mi lado. Irónicamente, el comentario ha sido lanzado junto al oído del mismísimo Octavio Paz quien, siempre tan observador, tan agudo: “Al mirarme a mí, TÚ te miras a ti”.

El “micromacroscopio” perturbador ha quedado fuera de mi vista y aún me pregunto hacia qué señala, qué hendidura diminuta del white cube denuncia o qué punto del horizonte podría vislumbrar si cedo a la tentación de su escrutinio.

Esta instalación, que convierte tal babel de referencias cruzadas en un mapa cultural, en un ensayo visual absolutamente armónico, es, sobre todo, un viaje por el mundo interior de Yornel Martínez: otra lección de anatomía en que la sustancia que nutrió el pensamiento del artista se corporiza.

Chico –comenta un analista de arte siempre pesimista al legitimar el talento local– esto me resulta un gesto un poco cínico en un espacio tan comercial… –y mientras intenta infructuosamente esconder su risilla sardónica a lo Roger Rabbit agrega– …Statement me suena como con una guía introductoria para turistas que desconocen el arte cubano…

III
Hace ya casi un siglo, la intelectualidad cubana logró cristalizar un vínculo efectivo y primordial entre la escritura y la imagen pictórica, hermandad circular, coincidencia renacentista de pintores, escultores, músicos y poetas -se diría décadas después refiriéndose a este hecho (2)- desde la cual el mensaje cultural adquiría una dimensión de recepción insospechada. Así, la las generaciones que conformaron la vanguardia de las artes visuales en Cuba, estuvieron con frecuencia vinculadas a proyectos editoriales en los que confluían de manera simbiótica plástica y literatura.

Yornel Martínez ha investigado durante varios años estos nexos entre la imagen y el texto literario. Sus resultados conducen aquel antiguo ideal origenista hasta un límite conceptual que no tiene un antecedente en nuestro medio.

Las obras desarrolladas por el artista en el último lustro, cuentan también con la complicidad del texto escrito como clave cultural protagónica, pero esta vez -en el contexto de una contemporaneidad absolutamente dominada por el poder de la visualidad- se aplica a esta alianza un algoritmo aún más radical: escritura e imagen plástica se fusionan indagación, ligada al análisis semiológico, se articula desde dos ejes que se complementan entre sí: lo legible y lo visible.

Su procedimiento analítico integra la escritura al sintagma, pero no utilizándola como un elemento enunciativo de carácter complementario (3), sino asumiéndola como sustancia plástica pura. El texto literario, utilizado como significante pictórico o escultórico, dota el acto del consumo simbólico de un sentido expandido desde el que la obra puede ser percibida.

Es claro que el trabajo de Martínez deberá siempre ser analizado desde dos núcleos que pertenecen a posibilidades de aprehensión intelectual completamente irreductibles entre sí: el texto como soporte contenedor de conceptos y el texto trascendido como representación visual problemática para un universo artístico en permanente lucha con la decoración, con el vacío.

En este segundo caso se halla la exposición de El Apartamento. Resulta provocador como se interviene el espacio con una información textual agotadoramente extensa, para enunciar un Statement, una declaración de principios.

IV
El Apartamento es una de las piezas de un fenómeno novedoso en la ciudad. Nacidos como espacios de negociación del arte “cuentapropista”, algunos de estos estudios-galerías, financiados por coleccionistas o marchands, se están adentrando poco a poco en la investigación de las Artes Visuales en Cuba. Mientras, los centros de arte institucionales, pensados inicialmente para proteger y promover la creación artística, fenecen atrapados entre las escasas condiciones de los espacios para asumir los retos del arte contemporáneo, el rigor de la censura, y el santo y seña lanzado por la instancia superior en esta etapa pragmática de nuestra historia: recaudar o muerte.

Un profesor neoyorkino muy reconocido ha acudido también a ver la exposición y a conocer el lugar. Lo voy siguiendo de reojo. Espero curiosa, que el sabio académico pueda captarla radicalidad del gesto artístico y sobre todo, que logre entenderlo a partir de la maldita circunstancia. Viene de un mundo donde todo lo nuevo nace ya tan completamente calculado, tan digerido…

Pero el estudioso se encoge de hombros con expresión de conformidad y pasa el brazo sobre la espalda de Yornel:

– ¿Qué puedo decirte? Es una exposición de arte conceptual bastante clásica, con una fuerte impronta epistemológica y un poco de crítica institucional. Aunque sí te diré una cosa: Me llamaron mucho la atención los objetos en el espacio.

V
Finalmente he alcanzado al “microtelescopio” misterioso que me obsesionó durante toda la visita y con prisa, trato de aferrarme a esas aberturas oculares que me invitan, que prometen las respuestas esperadas. Pero solo me enfrento a mi propio fracaso: ni un grano de polen, ni un diminuto barco que escapa hacia donde se extiende el límite del mar, más allá de la sala blanca. Ni siquiera, la mosca de Giotto con que el joven desafió la perspicacia de su maestro Cimabue. Simplemente, oscuridad absoluta.

No se puede ver hacia dentro y hacia afuera simultáneamente –parece decirme el “multiscopio” despojándose de su frialdad tecnológica: Tantas lentes de por medio, tantas posibilidades de enfoques, resulta que al final, no verás nada.

Sigo con la mirada la perspectiva que indica el artefacto y veo la sala repleta de personas: algunas leen textos, pero otras se abrazan a la instalación como un todo.

Algunos de los visitantes están de paso, sin embargo muchos cohabitan la pared y la multitud. El artefacto, por fin, me ha mostrado su verdad: Statement nos depara otra historia de vida, pero en este caso somos nosotros, en alguna medida, las piezas. Yornel nos ha incluido, a todos en su acción: Pequeños o grandes, para bien o para mal, somos los fragmentos de su proceso creativo.

Y todo ello ocurre dentro de un ambiente festivo y de networking. Se toman tragos, se establecen nuevas alianzas y colaboraciones, se comenta el último chisme. Equidistante, entre el statement y la fiesta, está Yornel, multiplicándose para agradecer a todos los que llegan hasta el, pendiente de nuestros veredictos, convencido de que ha dejado el alma en esas paredes.

Statement es un desnudo, ¿pintado, dibujado, narrado? De primera mano. Quizá, de hecho, ambas –vida y obra- no pueden ser para un artista sino una y la misma.

(1). Se parafrasea aquí al artista norteamericano Andy Warhol quien definió que: ”Shopping ismuch more American thanthinking”. Pensar es mucho más cubano que comprar solo intenta acercarnos al intenso movimiento cultural que bulle en una Isla sumergida en una profunda crisis económica durante medio siglo.

(2). Areta Marigó, Gema. Avisos y cautelas. En: Introducción a la edición facsimilar de Verbum. Editorial Renacimiento, España, 2001, p.10.

(3). Un recurso al que había recurrido extensivamente, sobre todo a partir de los años 80, la corriente postconceptualista en nuestro arte y que tuvo antecedentes importantes en obras como las de Chago Armada, Raúl Martínez y Umberto Peña en los 60.