Obra es cualquier cosa

Por Elvia Rosa Castro
 

No hay nada permanente ni veraz,
Ni ajeno al deterioro y la vejez.
Se disuelve lo que es en lo que no es,
Y en el iris todo lo que verás.
Severo Sarduy

Yornel Martínez es un contracorriente de primera. Cuando la mayoría de los artistas buscaban soluciones perdurables o se aferraban a los materiales tradicionales (todo esto puede ir en presente), Yornel pintaba sobre cartón de caja (1) o con agua en el patio del rectorado del ISA. En él la idea de lo efímero o precario, mejor dicho, es tan sustanciosa como la cualidad pertinaz de su Himalaya, el “techo nevado del mundo”, consistente en un fragmento de mármol encontrado llevado a la categoría de obra. Intuyo cuánto él sabe o cree saber acerca de las obras de arte: que ellas se reducen a objetos materiales finitos y que la perdurabilidad o infinitud está en la idea creativa (un soplo tal vez, gesto) encarnada en cualquier material o soporte.

Por ello vemos lo mismo pinturas que caligramas, que objetos, que textos publicados, que libros de poemas, que uno de los proyectos interactivos más legítimos, interesantes y rizomáticos que pueda verse ahora mismo y es la revista-blog (2) P350, realizada con sacos de cemento vacíos. Todo el tiempo él está mareando al mercado y al público porque su definición no está en un estilo sino en una condición. Yornel, más que un artista plástico, es un hombre de la cultura y si algún recurso puede serle metafísico es la ritualización del uso del lenguaje en toda una gama de variaciones tautológicas y guiños literarios: un bombardeo lingüístico somático, sensual, gestual, exento de robustez. Y lo más cercano a lo corporal y descentrado es el paisaje. Tal es el resultado de una contemplación avisada, dato que explica esa dosis de ironía en la que acaso nadie repara al perderse en la curvita de la mansedumbre. Él va, junto a su obra y a ratos abandonándola, sin prisas por la vida.

Yornel es un renunciante de raro linaje. Lo sé. Sé que puede prescindir del arte e incluso de la práctica que lo llevó a ser un renunciante.

Esa actitud por supuesto que le ha pasado una cuenta doméstico-personal y por supuesto promocional: ahora es que Yornel expone por vez primera en solitario, mientras ya el resto de la hornada generacional a la cual ¿pertenece? va por la tercera ronda aproximadamente. De ahí que ahora estemos frente a una suerte de compendio, de micro segmentos que sus amigos y yo hemos consumido una que otra vez en varios lugares, dispersos, como los colores de una mariposa estrellada sobre el pavimento.

PS.(Desde El observatorio… un sábado 11 de febrero.

(1). Así conocí las primeras versiones de Heidegger mirando el reloj, Llorando arcoíris, etcétera, etcétera. De igual manera está Cielo concreto, realizado con cemento, cartón y cabilla.

(2). Este calificativo es de él y a mí me parece exacto.